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B.A. ROCK en el Malvinas Argentinas: “Hubo un tiempo que fue hermoso…”

El histórico festival volvió treinta y cinco años después de su última edición con un mix entre algunos de los padres del rock nacional y bandas actuales.

Fue hace casi un año cuando, con bombos y platillos, se anunció que el mítico festival B.A. Rock aquel que supo dar a conocer a unos jovencísimos Charly GarcíaNito Mestre o el mismo en el que brillaron AlmendraManal, volvería en el marco de la celebración de los primeros años del rock nacional.

La apuesta, arriesgada de por si, prometía combinar a las viejas glorias que supieron darle forma al rock argentino, con las bandas consagradas de estos tiempos y las que recién están comenzando a dar los primeros pasos. Sin embargo, en las semanas previas al evento, algo falló y las noticias pasaron no tanto por el festival en si sino por la cancelación de algunos shows, la escasa venta de entradas y un formato que parece agotado. Así y todo, los que dijimos presente en el día uno pudimos disfrutar de un momento agradable con música para todos los gustos.

“Cuando todo era nada, era nada el principio…”

Noviembre de 1970. Las radios argentinas comenzaban a transmitir los primeros sencillos de los grupos de rock que iban apareciendo por doquier en el país. Un año antes en los Estados Unidos de América se había llevado a cabo el festival Woodstock y las noticias de aquel evento histórico comenzaban a llegar a estos lares. Los jóvenes, cautivados por aquellos sonidos y vestuarios extravagantes, comenzaron a importar la onda y fueron apareciendo las primeras bandas de lo que luego se llamaría rock nacional. Así fue como ese mes, un muchacho llamado Daniel Ripoll, junto a un grupo de amigos, organizó el primer “Festival de la Música Progresiva de Buenos Aires” en donde hoy se encuentra el estacionamiento de la Facultad de Derecho de la UBA.

Aquella primera edición reunió en 5 días a bandas como Pappo’s Blues, Almendra, Vox Dei, Los Gatos, Manal y artistas solistas entre los que se destacaban Pajarito Zaguri, Miguel Abuelo y Moris. 47 años después, nos encontramos en el mismo lugar en donde se realizó el B.A. Rock III (Estadio Malvinas Argentinas) con la misma esencia de aquellos efervecentes años, esperando encontrar la mística que fue el big bang de lo que vendría.

Octubre de 2017. Un sábado primaveral y soleado recibió a los primeros jóvenes y no tanto que iban acercándose al predio dividido en 3 secciones: Escenario “La Balsa”, el principal; Escenario “Artaud”, dentro de lo que sería el Estadio cubierto; y el Escenario “Signos” que, lamentablemente, se encontraba en un rincón y albergó a algunas bandas emergentes y a varios de los históricos que desfilaron en el primero de los tres días.

Un poco más tarde de lo previsto a raíz del retraso de las bandas anteriores, Emilio Del Guercio fue el primero de los “fundadores” en subir a escena con una variada propuesta que incluyó temas de Aquelarre (‘Brumas’, ‘Violencia en el Parque’ y ‘Aves Rapaces’), algunos de Almendra (‘Camino Difícil’ y ‘Fermin’), otros de su único disco solista hasta la fecha -“Pintada”- (‘Trabajo de Pintor’) y una canción nueva titulada ‘Sólo por Amor’.

Con la voz intacta y una banda acorde a las necesidades del momento, Del Guercio brilló y llamó la atención de una juventud dispersa que iba y venía mientras la música llenaba el aire. Un rato antes, en el escenario “Artaud”, Jimmy Rip dio una clase magistral de power blues y psicodelia al palo acompañado por The Trip. También estuvo Sick Porky en el escenario “Signos” para ponerle los pelos de punta a más de uno con su mezcla de rock y hardcore explosivo.

Ni bien concluyó el breve set de Del Guercio, quien aprovechó la ocasión para recordar a aquellos músicos de su camada que por diferentes razones no estuvieron presente en el festival (Héctor StarcRaúl PorchettoJavier MartínezLeón Gieco, etc.), los plomos fueron preparando el terreno para la llegada de Catupecu Machu; ya para ese entonces el lugar se encontraba bastante concurrido (según informaron desde la productora, 10.000 personas pasaron el día sábado, un número bastante inferior al que se esperaba) y ni bien apareció Fernando Ruíz Díaz, los más jóvenes desplazaron a los “grandes” y coparon la parada para saltar al ritmo frenético de ‘Perfectos Cromosomas’,’Dale!’, ‘Para Vestirte Hoy’ (con Lisandro Aristimuño) y ‘Magia veneno’.

Excitado por demás, al punto tal de que en algunos tramos la exacerbación le jugó en contra a la hora de afinar la voz, Ruíz Díaz no paró de correr y gritar e incluso protagonizó un breve altercado con algunos fans que agitaban banderas, situación que expuso la desprolija confección del lineup que mezcló distintos géneros, algo que no es del agrado del líder de Catupecu y que quedó en evidencia cuando se explayó al respecto: “Por empezar, la banderita esa de palo no deja ver al que está atrás, es una falta de respeto. Y además, ya saben lo que pasó con la cultura de la bandera con palito…”.

La antítesis del enojo de Ruíz Díaz fueron Los Gardelitos que llenó el Estadio Cubierto casi como si fuera un show exclusivo de ellos, con miles de jóvenes del palo rollinga que celebraron la memoria de Korneta Suarez, fundador y alma mater del grupo de Flores, al son de ese híbrido entre rock y tango que protagoniza esta banda tan querible con temas como ‘Amando a Mi Guitarra’, ‘Cobarde Para Amar’ y ‘Viejo y Querido Rocanrol’. Eli Suarez se tomó un tiempo para leer las variadas banderas que adornaban el entorno y, agradeció a todos los presentes por copar el lugar. El grupo además aprovechó la ocasión para estrenar un tema nuevo, ‘Sortilegio de Arrabal’, con el que abrieron su breve pero intensa presentación que cerraría el escenario “Artaud”.

“La furia renovada de las leyendas”

Cuando ya había pasado más de una hora del show de Catupecu y sonaban los últimos acordes de una sucia versión de ‘Blitzkrieg Bop’, Celeste Carballo y su banda comenzaron a probar sonido como pudieron en el escenario “Signos” y así, mucho después de lo pactado, arrancó su set mientras de fondo Ruíz Díaz seguía a grito pelado saludando. En plan blues y electricidad, Carballo se despachó con volcánicas versiones de ‘Me Vuelvo Cada Día Más Loca’, ‘A Cada Paso’ y la eterna ‘Es la Vida que me Alcanza’. Adentro, Nagual hacía lo propio con su show valvular e incandescente.

Los primeros 50 años del rock argentino también trajeron aparejado el nacimiento de una colaboración que ya había tenido una precuela cuando Ariel Sanzó (en aquel entonces Ariel Minimal) formó parte del grupo La Luz que acompañó a Lito Nebbia durante algunos años. En esta ocasión, el líder de Pez puso a su banda al servicio del legendario músico y juntos le dieron forma a un poderoso disco llamado “Rodar” en el que reversionan, con un sonido espectacular, clásicos de Los Gatos, de la carrera solista de Lito y algunos temas nuevos.

Con este álbum bajo el brazo Nebbia y Pez se presentaron en el escenario principal y fueron la síntesis perfecta entre ayer y hoy, con un setlist arrollador que, como un huracán, barrió con todo a su paso dejando en el recuerdo de los presentes impecables interpretaciones de ‘Rock de la Mujer Perdida’, ‘Soy de Cualquier Lugar’, ‘Lágrimas de María’, Hogar’ y la inoxidable ‘La Balsa’.

El siguiente acto fue el de otro legendario del rock, protagonista de mil batallas y compañero de andanzas de Pappo, el señor Alejandro Medina que se hizo presente en el escenario “Signos” para entregar un concierto en el que dejó en claro que se encuentra en excelente forma y acompañado por una banda de lujo. ‘Tontos’, ‘Cosmos’, ‘La Maldita Máquina de Matar’ y ‘Vamos a buscar la Luz’ sonaron tan pesadas como actuales y frescas.

A las 22:10 hs. fue el turno de Las Pelotas que hizo un repaso nonstop por sus éxitos, ‘Dicen’, ‘Blancanieves’, ‘Víctimas del Cielo’ (tema perteneciente a su último álbum), ‘Si Quisiste Ver’ (con Fernando Ruíz Díaz de invitado), ‘El Ojo Blindado’ (“a la memoria de Luca y Sokol”, gritó Daffunchio antes de arrancar con el tema de Sumo) y la infaltable ‘Capitán América’.

Fastidioso y con el semblante caído, Ricardo Soulé apareció junto a su banda La Bestia Emplumada luego para cerrar el escenario “Signos” con una fugaz performance (“no pudimos probar sonido y nos dieron sólo 30 minutos”, explicó enojado el ex-guitarrista de Vox Dei) en la que sonaron ‘Dolmen’, con un soberbio solo de guitarra slide a cargo del maestro, ‘La Luz que Crea’, ‘Minaya’, ‘Nunca me dirás Adiós’ (con Soulé tocando el violín) y ‘Libros Sapienciales I y II en versiones instrumentales, cantadas a viva voz por todo el público (o una parte, ya que la gran mayoría de los jóvenes se mostró indiferente ante el músico, una falta de respeto total para uno de los padres del rock nacional, creador de canciones memorables que incluso varios de los grupos actuales han versionado). Para los bises, algo que no estaba contemplado pero que se dio gracias a la insistencia de los fanáticos que no pararon de alentar a Soulé y darle ánimos para seguir adelante, sonó una adrenalínica versión de ‘Genesis’ que dio por terminada la participación del ex Vox Dei quien se merecía algo más que un puñado de minutos en los que apenas pudo desplegar su sobrado talento.

“Punto final y larga vida al rock”

La maratónica y agotadora jornada terminó con La Vela Puerca que, si bien son de Uruguay, hace años que traspasaron las fronteras y se transformaron en una banda más del rock nacional gracias a todas esas canciones que ya se impregnaron en el cancionero popular argentino. Mientras siguen trabajando en el DVD que celebra sus primeros 20 años como grupo, Sebastián Teysera (voz); Nicolás Mandril Lieutier (bajo); Sebastián Cebolla Cebreiro (voz); José Pepe Canedo (batería); Rafael Di Bello (guitarra); Santiago Butler (guitarra); Carlos Coli Quijano (saxofón) y Alejandro Piccone (trompeta) se sambulleron en el escenario principal y ofrecieron un repertorio en el que no faltaron ninguno de sus hits, coreados por todos los fanáticos. ‘Un Frasco’, ‘¿Ves?’, ‘Soldado de Plomo’, ‘El Viejo’ y ‘El Profeta, entre otras, se fueron sucediendo como si fuera un greatest hits preparado para la ocasión.

El cataclismo inicial de las idas y vueltas se transformó en poesía, la música barrió con todos los males y el pasado demostró que es presente y que tiene futuro. Hubo un tiempo que fue hermoso, sí, pero el que viene también lo es. Lo importante es no olvidarnos de donde venimos, respetar a los que hicieron grande a nuestro rock y darle espacio a las jóvenes bandas que tienen el deber de mantener encendida la llama de la rebeldía y la música que tanto bien nos hace. “Es mejor defender a cada momento lo que uno consigue porque si no, la gente olvida…”

Crónica por: Francisco Zazzu
Fotografías por: Matías Fortini